Por fortuna, hace unos días tuve en mis manos un ensayo de Luis González de Alba sobre el por qué la cultura global idealiza a la mujer como un ser divino al hablar sobre el problema social de la muerte violenta de las mujeres. Su hipótesis puede parecer un poco feminista o, peor, muy feminista, y machista a la vez. La mujer es parte de esos seres que hay que rendirles tributo por la simple razón –si es que se puede llamársele razón- de que no es “sustituible” como lo es el varón y de que es considerada como el lado débil de la humanidad y, por tanto, hay que protegerla. Además, en el mismo escrito señala multitud de factores que intervienen en la hostilidad hacía las mujeres por parte de hombres y, por si fuera poco natural, también de las mujeres, resaltando de esta manera su rol de inferioridad.
En el punto que tocamos, o sea, el papel que juega la mujer, como género, o mujeres, en plural, en la conservación del medio ambiente es muy claro. En lo que se refiere en el ámbito legislativo al ordenar que el Presidente de la República observara que las féminas “cumplen una importante función en la protección, preservación y aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y en el desarrollo”, la misma ley lo indica, “su completa participación es esencial para lograr el desarrollo sustentable”. A fin de cuentas, la mujer es insustituible, pero también, está relegada en un plano de inferioridad al que hablaremos en seguida.
Para empezar, comentaré sobre su condición de “no-sustituible”. En una ocasión, platicando con una amiga llegamos a la conclusión de que biológicamente un hombre es imprescindible para la producción de vida. Ella discutía que se necesita de dos para preservar la especie. Repliqué que no es del todo verdadero lo que ella aseveraba. Justifique mi objeción con dos ejemplos. El primero: en Mendoza, localidad Argentina, fue descubierta una especie de reptiles de los que únicamente han sobrevivido las hembras, es decir, es una sociedad animal sin machos. Las Liolaemus nihuil, como científicamente se les denomina, se siguen reproduciendo debido a un fenómeno bastante extraño de a-sexualidad, ya que el ovulo se divide en dos. De esta manera, las crías son un producto exactamente iguales a sus progenitoras; se realiza un proceso de clonación natural.
En cuanto al segundo ejemplo: Debido a múltiples factores que trastornan o, al menos, modifican las actividades hormonales en las mujeres, entre ellas el uso de medicamentos y de tecnologías “in vitro” para concebir, ha
dado como resultado lo que en ocasiones hemos denominado comúnmente “embarazos milagrosos” y que los feligreses fanáticos dirían que es un ejemplo más del poderío del “Señor”. Se ha comprobado que muchas mujeres que no han iniciado su actividad sexual, pero si un desarrollo hormonal, puedan desarrollar en su vientre un embarazo sin la intervención de espermatozoides, ya que sus ovarios producen dos óvulos en periodos relativamente irregulares.Con los ejemplos anteriores es fácil prever que en un futuro, quizá muy, muy lejano, el hombre, junto con todos los machos, desaparezca de la faz de la tierra. Sin embargo, no queda claro el papel de “insustituible” de la mujer. Para poder comprender esta hipótesis no hay que tener en cuenta los aspectos naturales -ya que de ser así, el que debería ser considerado como no-renovable sería el hombre-, sino los sociales, es decir, las construcciones psico-morales que la humanidad se ha construido. Hablaremos de esto más adelante.
Ahora veamos el otro aspecto: su calidad de inferioridad. Pero antes, es mi deber declarar que no es mi intención señalar que la mujeres sea un ser al que veo hacía abajo, al contrario, las únicas diferencias que veo entre ellas y yo son de carácter físico, hormonal, anatómico, biológico; las considero como psico-culturalmente mis pares, pero hago mis reservas en el sentido de que observo en ellas (no todas) un complejo (positivo y negativo) de desigualdad. Dicho lo anterior, es momento de continuar.
Digo que, como ya lo mencione al principio, las mujeres son consideradas culturalmente inferiores no sólo a nivel nacional aunque es aquí donde he visto que dicho adjetivo es por demás peyorativo. En muchos lugares del planeta tal condición es resaltada con mayor energía. Tal es el caso de la India. Ahí, las mujeres, para alcanzar un estado pleno de espiritualidad, es necesario que ella sirva al hombre en todo lo que éste quiera y desee, que sea su fiel sirvienta. Si no se confía en mi, entonces consúltese el famoso libro que ha sido vulgarizado por occidente, el “kama sutra”, así como la “leyes de Manú”, entre otros documentos que reforzarían la idea.
Por otro lado, pero siguiendo la idea de “inferioridad”, la mujer ha sido relegada al segundo plano, tomando en consideración la idea de Engels sobre el origen de la propiedad privada, cuando el hombre dio cuenta de su capacidad de productividad. El hombre, no la humanidad, egoísta por naturaleza, despojo a la mujer de su titulo de matriarca para adjudicárselo y crear de esa manera una sociedad falo-céntrica que ha durado y perdurara por un largo periodo mayor en la conciencia de muchos hombres y de muchas mujeres. Entonces, las diferencias hombre-mujer no solo han sido de carácter natural. También la cultura juega aquí.
Respecto a lo señalado por la ley en materia ambiental, ya se mencionó, los aspectos de “insustituible e inferioridad” de la mujer son muy importantes. Aquí cabe mencionar la sentencia abigarrada, exasperante e irritante que alguna vez escuche en voz de la mamá de un amigo: “madre sólo hay una… pero igual de pendeja, ninguna”. La mujer, según la LGEEPA, tiene o debe tener una participación completa para el desarrollo sustentable y, por tanto, implícitamente, la mujer tiene la obligación moral y cultural de preservar el ambiente en pro de la conservación del hombre, del macho.
2 comentarios:
Ser feminista o ser machista es simplemente ser pendejo, aceptar que existen diferencias de género es saber apreciar las características y funciones especiales que cada uno como ser humano ya seas hombre o mujer puedes realizar y a la vez con esto conocer nuestras capacidades y o limitaciones, el problema de los hombres es que siempre nos hemos sentido superiores y el de las mujeres el demostrar su inferioridad al pedirle al hombre que las reconozca como sus iguales como un hijo le pide a un padre.
Ante la ley todos somos iguales y no importa que o quien seas, biologicamente (con todo lo que eso significa) no lo somos pero nos complementamos y mientras todos entienden esto, estamos condenados a vivir entre pendejos.
Que onda Luis, soy yo Moy para que me identifiques mas rapido aunque mi cuenta es Jesus 2112. Bueno pues lei tu articulo, y pues si tienes mucha razon, creo que los hombres salimos sobrando en este sentido, muy bien redactado, espero que sigas escribiendo mas. Sale Luis ahi nos estamos viendo
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